un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

SANTUARIO DE SANTA MARÍA DE DULCIS (BUERA)


El Santuario de Nuestra Señora de Dulcis se sitúa en las inmediaciones de la localidad de Buera, que junto a Huerta del Vero conforman el municipio que toma el nombre del Santuario. Desde Buera una pista de tierra conduce, tras dos kilómetros, a Dulcis, que se levanta en una gran explanada en la que abundan aliagas, romeros y tomillo, lo que hace que sus alrededores sean muy apreciados para situar colmenas o panales de abejas.

Según cuenta la tradición popular, fue la aparición de la Virgen en este lugar sobre uno de los panales lo que conllevo la construcción del Santuario y dependencias anexas, así como el apelativo con el que se le conoce desde entonces. Este suceso, según algunos autores del XVIII como el Padre Faci, se remonta al menos al siglo XII, levantándose en el lugar un templo en el que se veneraba la imagen de la Virgen de Dulcis. Este templo fue sustituido a mediados del siglo XVII por el actual. En 1942, todavía se conservaba como único vestigio del primitivo templo, según Ricardo del Arco en su “Catálogo Monumental de la Provincia de Huesca” una talla románica de la Virgen sedente.

Desde el siglo XII Buera perteneció a la comunidad eclesiástica de la iglesia de Santa María de Alquézar, apareciendo en esta época la primera mención que se conoce al Santuario de Dulcis, figurando como “de Ocis, de Ozis y d'Ulcis”. Con el tiempo el término derivó en Dulcis, a partir de cuyo momento surgió la leyenda de la aparición de la Virgen sobre un panal de miel, como recoge el citado Padre Faci: “Conservase memoria de aver sido aparecida en el sitio donde oy se venera; aunque se ignoran las circunstancias de tan milagroso sucesso

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Es en el siglo XVII cuando se plantea la ampliación del templo, que debido a su importancia y devoción de que era objeto, había dejado al románico del XIII pequeño y obsoleto. Así en el año 1658, concretamente el 19 de agosto, el obispo de Huesca, Don Fernando de Sada y Azcona, concede permiso para construir uno nuevo, que se concluiría en 1664. En la documentación aparecen dos términos cuando se hace referencia al lugar de Dulcis: la Casa y el Oratorio. Parece estar claro que el Oratorio es el templo actual, mientras que la Casa se correspondería con las posesiones que pudiera tener el Santuario y con las edificaciones anejas al muro sur de la iglesia, que comprenderían la residencia de la Comunidad formada por el Prior y los Capellanes y la hospedería para peregrinos y viajeros.

Actualmente solamente algunos vestigios quedan de la Casa que se resumen principalmente en la cisterna para recoger agua y parte de los paramentos de los edificios. Por un documento del siglo XVIII se conoce el aspecto que tenía en aquel tiempo. Se trataba de un edificio de cuatro plantas: la baja contaba con un “corredor grande con una reja a la plaza, un horno para cocer pan, bodega, lagar y 3 cubas de vino. Una cuadra espaciosa”. En el primer piso “hay 6 cuartos con 5 ventanas, sus alcobas y un estudio con 1 ventana. Hay un recibidor grande y un comedor mediano con 3 ventanas, a la plaza, grandes”. En el segundo piso “hay 3 cuartos con poca luz porque sus ventanales abren a la media luna de la cisterna que está en el centro de la casa, donde en el invierno se recoge agua para todo el año. Un comedor grande de uso y una cocina espaciosa. Si los cuartos se compusieran se podrían poner 6 camas”. En el piso alto hay cinco cuartos “con 5 balcones, sus alcobas y un estudio con una ventana, una espaciosa cocina, un corredor que siguen por fuera de las puertas de cuartos y cocina, con 2 balcones y una ventana grande de 2 hojas hacia la plaza”. Al final del corredor había una cama con tres patas que podían repararse a bajo costo, para hospedar a un viajero.

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A partir del siglo XVII, las reparaciones en la Casa fueron cada vez más necesarias y también más escasas. Cuando a comienzos del siglo XIX el Santuario deja de pertenecer a la Colegiata de Alquézar y pasa a depender de la parroquia de Buera, el deterioro se acelera de forma preocupante. Finalmente, con motivo de la Guerra Civil de 1936 se produce la decadencia total de Dulcis, ya que “se carecía de todo lo necesario para celebrar la Misa y el coste aproximado de las reparaciones ascenderá a 20.000 pesetas”. En la segunda mitad de este siglo se acometen obras para intentar consolidar y restaurar los edificios anexos a la iglesia. Una serie de desgraciados accidentes durante las mismas hicieron tomar la decisión, de dado el mal estado en que se encontraban las dependencias, demoler todo quedando únicamente lo ya visto.

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Actualmente la iglesia u “Oratorio” se levanta exenta, ya que los edificios que conformaban la “Casa” con las dependencias de la Comunidad y la hospedería fueron demolidos, no restando nada más que parte de algunos paramentos y la cisterna donde se recogía el agua, todo ello junto a la fachada sur del templo. Precisamente en el primer tramo de la nave de este muro, junto a la capilla, se abría uno de los accesos al interior, en arco de medio punto dovelado. También son visibles algunos de los contrafuertes originales de este muro.

La fachada norte ha sido revocada con cemento y cal, dejando a la vista las esquinas, el basamento de sillar y cuatro zonas en la parte alta donde se aprecia el aparejo original de ladrillo. Se completa con tres contrafuertes.

Sobre el tejado a doble vertiente cubierto con teja árabe, únicamente sobresale el volumen octogonal de la linterna de la cúpula del presbiterio realizada en ladrillo, donde abre un vano en arco de medio punto en cada lado entre pilastras en las esquinas.

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La entrada principal se sitúa en la fachada de los pies, u oeste, única realizada enteramente en piedra sillar. En el centro abre la portada en arco de medio punto dovelado sobre el que se coloca una hornacina avenerada. En la parte superior el óculo que ilumina la nave desde el coro completa la composición de la fachada.

Al interior, consta de nave única de cuatro tramos, testero recto y coro alto a los pies, con capillas laterales que abren, a modo de crucero, en el tramo más próximo a la cabecera. Al entrar en el templo lo primero que llama la atención es un pilar colocado en el centro de la nave y que sirve para garantizar la estabilidad de la nave en esta parte de la bóveda.

Los tramos de la nave se separan por pilastras de escaso relieve adosadas a los muros, que se prolongan en altura mediante arcos fajones o perpiaños que ciñen la bóveda y la dividen en sus cuatro tramos, cubiertos con la característica del barroco de medio cañón con lunetos. Una cornisa a modo de entablamento y que va adaptándose en su recorrido a los avances de las pilastras, decorada con dentículos o dentellones, recorre toda la longitud de los muros, incluidos los laterales del presbiterio. Mediante esta solución se crea desde los pies de la nave una perspectiva que lleva a dirigir la mirada instintivamente hacia el punto focal más lejano, o sea el presbiterio.

Las capillas que abren en el cuarto tramo de la nave cubren con bóveda de lunetos rebajada. El acceso se realiza a través de vano en arco de medio punto sobre pilastras. El intradós del arco de la capilla del Evangelio está decorado con motivos de tradición mudéjar, mientas que el de la Epístola lo hace con una venera.

La nave se estrecha al llegar al arco triunfal por el que se accede al presbiterio. Este estrechamiento se produce por una pilastra doblada y por el avance de las jambas del arco hacia el eje longitudinal de la nave. Este avance viene dado por la necesidad de compensar el peso que debe soportar este arco, que no puede distribuirse como en los otros tres torales mediante su apoyo en los muros.

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Dos espacios diferenciados concentran la mayor parte de la decoración en yeso que ornamenta el interior. De una parte el presbiterio y de otra los tramos y arcos perpiaños de la nave, sin olvidar las dos capillas laterales. En cuanto a la técnica utilizada en Dulcis para trabajar los “ cortados ” es mixta, o sea, se emplea tanto el trabajo de talla como el de molde. A grandes rasgos la metodología consiste en desarrollar una red esbozada y marcada previamente sobre los planos de yeso fresco sobre la que se procede a la talla de los lazos o cintas que se entretejen formando los distintos motivos geométricos. Finalmente, en los espacios que quedan en esta red tallada, se aplican motivos elaborados a molde o tallados directamente en la misma capa de yeso. 

 

 
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