un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA HUERTA (MAGALLÓN)


En la parte baja de la población de Magallón, prácticamente en las afueras, junto al río Huecha y cercana a la N-122, se sitúa la iglesia de Santa María de la Huerta, componiendo junto a la parroquial que se levanta en lo alto del cerro que domina el casco urbano uno de las estampas más fotogénicas de la zona. A pesar de su declaración como Monumento Nacional en 1982, no fue hasta hace unos pocos años en que se procedió a consolidar lo que quedaba en pie, convirtiendo su espacio interior en auditorio municipal.

En el momento de su construcción la iglesia estaba apartada de la población ya que la misma se concentraba en la parte alta del cerro, en torno al castillo y a la iglesia de San Lorenzo. Su situación, controlando el vado del Huecha, en el cruce de caminos que desde Zaragoza conducen hasta Mallén y la ribera navarra por un lado, y hasta el valle del Huecha y Castilla por otro, hace pensar en que cumpliese con labores de acogida a los viajeros que transitaban por estas vías.

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En el solar de la actual iglesia, o muy cercana a ella, se levantaba una pequeña ermita que cobijaba la imagen de la Virgen de Magallón. Allí escucho misa el rey Jaime I en agosto de 1257, cuando iba camino de Tarazona para entrevistarse con Alfonso X el Sabio de Castilla. Según la tradición la talla de la Virgen desapareció en 1283 ofendida por un asesinato cometido en la misma ermita frente a la propia imagen. No mucho tiempo después un pastor localizó la talla en un monte próximo a la localidad monegrina de Leciñena, donde se levantó un santuario para cobijarla y venerarla hasta que durante la Guerra Civil de 1936-39 fue destruida, siendo sustituida por una réplica tras la contienda.

Un dato que recoge Fray José de Santo Domingo en su “Historia de la prodigiosa imagen de la Santísima Virgen de Magallón”, y las características de su fábrica, permite concretar la datación del templo hacia mediados del siglo XIV. Así, Juan de Alcolea, canónigo camarero de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, deja en su testamento en 1348 una donación de 250 sueldos para las obras de la iglesia. En 1612 la Orden de Predicadores funda convento en Magallón, cediéndose la iglesia para su uso conventual. La desamortización de finales del siglo XIX conllevó su abandono y progresiva ruina, hasta la consolidación de los restos a principios de este siglo.

La fábrica presenta hundidas todas las bóvedas, la parte superior de los muros por encima de las capillas laterales y los cuerpos altos de las torres. Lo mejor conservado lo vemos en el ábside de la cabecera con la decoración en yeso policromado en cinco de sus ventanas; también quedan restos de esgrafiado y policromía, tanto en el mismo ábside como en el hastial.

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En planta la iglesia consta de nave única de tres tramos con capillas laterales entre los contrafuertes de los dos primeros, ábside poligonal de siete lados en la cabecera y coro alto a los pies, con sendas torres a ambos lados del hastial. Cabecera y los dos primeros tramos se cubren con bóvedas de crucería simple y con cañón apuntado el de los pies entre las torres, al igual que las capillas laterales, en este caso de modo transversal al eje de la nave.

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De las cuatro capillas laterales, las del tramo central están divididas cada una en otras dos, aunque conservando su estructura original; en la del lado meridional más cercana a la torre se abre la puerta de acceso a la iglesia, obra posterior a su primitiva construcción, al igual que la división de las capillas, posiblemente del siglo XVI.

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La portada original se ubicaba en el centro del muro de los pies hasta la construcción de la capilla del Santo Cristo; sobre ella abren cuatro grandes vanos apuntados formando una galería abierta al coro; un rosetón ocupa el centro de la parte alta del muro.

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En el tramo de los pies se conservan las dos ménsulas en que apean los nervios de la bóveda central y del arco perpiaño de separación entre ésta y la de cañón del último. Todavía son visibles restos de policromía de color rojo en su parte alta; debajo una línea de flores abiertas de cuatro pétalos, igualmente con trazas de color rojo, recorre el ábaco; los tres lados de los capiteles presentan motivos heráldicos de los que únicamente quedan los campos del escudo labrados en bajorrelieve; la policromía que debió de formar el escudo de armas está totalmente perdida.

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