un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE SANTA MARÍA (ATECA)


A continuación se dispone un friso de clara raigambre islámica a base de arcos apuntados entrecruzados. Son nueve arcos que se prolongan hacia arriba, cruzándose.

SERIE DE ARCOS APUNTADOS ENTRECRUZADOS

Estos arcos apean en pilastras que flanquean columnillas de cerámica vidriada, alternando las de color verde con la de color melado. Buena parte de ellas, así como de los platos, fueron colocados en la restauración aunque aún es posible ver alguno de los escasos originales que se conservan.

2 DETALLE ARCOS ENTRECRUZADOS 3 ARCOS ENTRECRUZADOS

Algo que llama la atención es el enlucido que cubre los arcos a base de una pasta de yeso rojizo con un esgrafiado que imita dovelaje de sillería, y que se puede ver en una pequeña parte de lo ahora oculto. Si este recubrimiento se extendía a toda la torre, es indudable que el ladrillo perdería su protagonismo, siendo el acabado de los muros mucho más fino y liso. De ser así, es otro argumento para considerar la torre un alminar reaprovechado, dado que es costumbre islámica el lucir y encalar torres y fachadas, costumbre que se perdió en época cristiana, desapareciendo por las inclemencias del tiempo el de la torre de Ateca por falta de mantenimiento, quedando únicamente restos en las zonas protegidas por las ampliaciones posteriores.

4 SERIE ARCOS ENTRECRUZADOS CARA NORTE 5 ARCOS ENTRECDRUZADOS CARA NORTE

Se conservan ataifores en el friso entre las esquinillas y en las albanegas de los arcos, y únicamente dos fustes cerámicos correspondientes a uno de los arcos de la cara este.

6 DETALLE ARCOS CARA NORTE 7 COLUMNILLAS CERAMICAS ORIGINALES

Los ataifores de las albanegas son seis por lado, En su interior están decorados con flores de lis estampilladas de tradición tardoalmohade o protonazarí según Gonzalo Borrás. Agustín Sanmiguel las describe con mayor exactitud. Así, en la mayoría de los platos la decoración está formada por siete estampillas ovaladas con un motivo vegetal que recuerda la flor de lis. En otros, la estampilla es circular con una cruz o aspa. Para este autor este modelo se utilizaba ya en tiempos del emirato, durante la dominación musulmana en el siglo XI, atribuyendo estos discos de la torre de Ateca a esta época, otra prueba que avalaría su reconversión de alminar a torre cristina.

8 DISCO CERAMICO ESTAMPILLADO 9 ESTAMPILLADO DISCO CERAMICO

DETALLE ESTAMPILLADO

Dos bandas de esquinillas ribetean horizontalmente un nuevo friso de platos cerámicos y una banda de ladrillos inclinados.

ESQUINILLAS, DISCOS CERAMICOS Y LADRILLOS INCLINADOS

En cuanto al segundo motivo, es extraño su inclusión dentro del repertorio decorativo de la torre. Se trata de una banda formada por ladrillos colocados planos y con una inclinación hacia la derecha de unos treinta grados. Su efecto estético es dudoso, ya que crea una tensión horizontal similar a la originada por la espina de pez ya comentada. En el mudéjar aragonés, solamente se puede ver este motivo en la fachada sur de la torre de la Catedral de Teruel, en el cuerpo bajo entre la clave del paso de calle y el friso de esquinillas y cerámica que completan el cuerpo, con la salvedad de que allí solamente se encuentran los rehundidos.

MOTIVO DE LADRILLOS INCLINADOS

El friso de discos cerámicos mantiene la alternancia cromática ya descrita. Presenta la novedad de que están incrustados muy próximos unos a otros, de tal manera que si en los frisos bajos nueve cubrían todo lo ancho del muro, aquí son veinticinco los que se han colocado.

BANDA D EDISCOS CERAMICOS

Encima de la banda de esquinillas se presenta un nuevo friso de arcos apuntados entrecruzados, esta vez en número de once. Es curioso el hecho de que, al contrario de lo que sucede en los frisos inferiores, aquí los arcos aparecen colgados, sin apoyar en pilastras ni columnillas.

BANDA DE ARCOS APUNTADOS ENTRECRUZADOS

Para Agustín Sanmiguel, parece ser que se optó por un apoyo sobre columnillas de cerámica, al igual que en Belmonte, pero que aquí es posible que no se llegasen a colocar, ya que es extraño que no se conserve ningún resto de las mismas. Una probabilidad es que se proyectasen y se pospusiera su fabricación hasta el final, no llegando a realizarse por motivos desconocidos, quedando los arcos colgados. En todo caso, estas columnillas es de suponer que fuesen como las que ahora se pueden ver productor de la restauración, y que también mantuviesen la alternancia de colores. Nueve platos cerámicos como los ya vistos se incrustan en las albanegas.

DETALLE ARCOS ENTRECRUZADOS

Antes de pasar a ver el segundo cuerpo, parece necesario hacer referencia a la controversia que hay sobre la posible cronología de esta torre: si se construyó antes de 1120 como alminar, o con posterioridad a esta fecha como campanario cristiano.

Para Agustín Sanmiguel y otros autores anteriores como Galiay y Abbad, y cuya opinión comparto, se trata del alminar de una mezquita que fue reaprovechado cuando se construyó la iglesia para las funciones de torre-campanario, ya que por sus características y estructura es muy difícil aceptar una cronología cristiana para la misma. El primer autor aduce que de ser un campanario, que es el último elemento que se construye en una iglesia, las proporciones de ésta debieron de ser enormes para estar en consonancia con la torre, lo que contrasta con el estilo cisterciense que impera en Aragón, y en esta zona en concreto por la proximidad del Monasterio de Piedra, en los siglos XII y XIII. Para él es más lógico pensar que fuese el alminar de la mezquita mayor de la localidad que fue sustituida por la iglesia mudéjar en el siglo XIV. El único inconveniente que encuentra Sanmiguel a su adscripción como alminar es el relativo a su tamaño y envergadura, puesto que parece excesivo para una población que en época musulmana tal vez no llegase o rondase escasamente los mil habitantes, aunque también hay que tener en cuenta que en el mundo islámico se tiende a magnificar este tipo de elementos constructivos. Tampoco debemos olvidar sus similitudes con las torre de Belmonte y con la desmochada de Santa María de Maluenda, ambas consideradas alminares musulmanes.

Por otro lado, Gonzalo Borrás mantiene la teoría de que se trata de una obra de época cristina, realiza por alarifes mudéjares en la segunda mitad del siglo XIII. Los motivos decorativos de arcos entrecruzados y cerámica ornamental son de clara tradición musulmana, utilizados por los mudéjares tal vez, dado lo temprano de su construcción, tomando como modelo los alminares que todavía perduraban en la zona y claramente vinculados con la tradición decorativa hispanomusulmana del entorno de Calatayud. En todo caso, opina el autor que su decoración resulta arcaizante respecto al modelo que se generalizaría a partir de las torres turolenses de San Martín y del Salvador. Por último, la circunstancia de que este cuerpo no disponga de vanos para campanas tampoco es motivo según Borrás para calificarla de alminar, ya que como se ha dicho anteriormente, lo más probable, y así también lo expone Sanmiguel, es que tuviese un cuerpo superior del mismo estilo que el de la vecina Belmonte de Gracián donde se situaban las campanas.

 

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