un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

TORRE DE LA LISALTA (COSUENDA)


Sobre una meseta que domina el casco urbano de Cosuenda se ubican los restos de su castillo-refugio medieval entre los que destaca una torre conocida como “La Lisalta” que tuvo, además de la defensiva, funciones de campanario de la iglesia que allí también se levantaba y de la que actualmente nada queda a la vista.

El origen de este recinto fortificado bien pudo ser una atalaya musulmana con su correspondiente amurallamiento, que en el siglo XIV sería reconstruido con motivo de la Guerra de los Dos Pedros. Ya en el siglo XV Cosuenda tuvo varios enfrentamientos con el vecino lugar de Almonacid, y sería probablemente entonces cuando se levanta la torre hasta la altura de los vanos para campanas, o sea, la parte de mampostería y ladrillo, y probablemente también la iglesia. Por último, en el siglo XVI la torre se elevó con un corto cuerpo de ladrillo.

De lo poco que se conserva del castillo, muy desdibujado por diversas construcciones nada afortunadas en su contorno, se deduce que tenía planta irregular de unos 30 m. de eje y unos 215 m. de perímetro. La base de los lienzos de las murallas es de mampostería; en el XIV se reconstruyeron con tapial de tierra apisonada con motivo de la amenaza castellana antes citada. En cuanto a la posible atalaya musulmana, que se levanta al norte del recinto pudo ser utilizada tras la conquista cristiana como torre del homenaje del castillo. Se trata de una construcción de calicanto con forma de talud que guarda semejanza con atalayas de la zona levantina datadas en los siglos XI-XII.

De la existencia de este binomio iglesia-castillo tenemos el testimonio del arquero Cock y que Cristóbal  Guitart recoge en su obra sobre los castillos de Aragón. En 1585 escribió sobre Cosuenda: “Su iglesia está con un castillo en un alto collado a la parte de levante; en ella suelen los vecinos salvarse del peligro de los moros”. Cuando en 1686 se construye la actual iglesia parroquial dentro del casco urbano se abandona el templo medieval y las dependencias del castillo.

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En cuanto a la torre de “La Lisalta”, que es lo que aquí nos interesa por su estructura y decoración en estilo mudéjar, a falta de parte del cuerpo superior, el resto se conserva en un estado aceptable, si entendemos como tal que por lo menos subsiste de pie. El primer cuerpo es una construcción de mampostería con refuerzo de ladrillo en las esquinas hasta la altura de los vanos para campanas donde sólo se utiliza el ladrillo. Esta torre del siglo XV se elevaría en el siguiente con un corto cuerpo de ladrillo, del que se ha perdido la parte superior y la cubierta. Tiene planta cuadrada con una ligera variación en dos de sus lados (5 x 5,75 m.) y una altura máxima medida en el lado más desfavorable de 16,7 metros aproximadamente.

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La entrada al interior se sitúa en alto (a 2 metros de altura) en el centro de la cara este. De la misma se conserva el arco apuntado de ladrillo que la cierra revestido al exterior por la mampostería.

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Al interior nada queda, aunque es de suponer que sobre la parte baja maciza se levantase la planta baja que llegaría hasta el suelo de madera del cuerpo de campanas al que se accedería con escalera de mano.

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Lo más interesante de la torre lo encontramos en su parte alta a partir del cuerpo de campanas. Aquí abren en cada uno de los lados dos amplios vanos en arco apuntado para las campanas. En algunos de ellos son visibles los huecos o mechinales en los que apoyarían los yugos de las campanas. La decoración en ladrillo resaltado de esta primera torre se reduce a una banda de esquinillas simples que corre por encima de los citados vanos.

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En el siglo XVI la torre se elevó por encima de los tres mechinales que se aprecian en cada lado con un pequeño cuerpo de ladrillo que remataba con la clásica galería aragonesa de arquillos doblados en arco de medio punto, algo que se deduce por los arranques de los arcos que se conservan, al igual que su número de cuatro por lado.

De que la torre cumplió funciones de campanario de la iglesia queda constancia en el libro de visitas pastorales que se conserva en el archivo parroquial, donde se dice que existían dos campanas en el primer cuerpo de ladrillo y otras dos más pequeñas en el superior.

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El espacio entre la sencilla cornisa a base de ladrillos dispuestos a sardinel que separa este cuerpo del inferior y la galería de arquillos concentra la decoración en ladrillo resaltado de este cuerpo, en forma de banda de esquinillas dispuestas al tresbolillo y un friso de pequeños cuadrados separados por ladrillos colocados a sardinel en vertical que, al igual que en otras torres mudéjares de la época, vienen a ser una especie de simulación de los frisos de metopas y triglifos renacentistas.

Esta torre ha pasado prácticamente inapercibida hasta principios del año pasado de 2014, cuando el Ayuntamiento de Cosuenda comenzó a demostrar un inusitado interés por la misma con motivo de la compra del recinto fortificado, torre incluida, por parte de Alberto Luis Benedicto, quien a su vez la adquirió de su anterior propietario, también un particular.   

Si su titular anterior nada hizo por consolidar lo conservado, el Sr. Benedicto encargó al arquitecto Valentín Arrieta Berdasco la redacción de un Plan Director para la recuperación y restauración de restos del castillo y torre, incluyendo el desbroce superficial y catas arqueológicas que tal vez puedan sacar a la luz, entre otras edificaciones, la planta de la iglesia. Este Plan Director parece ser que es lo que incomodó a la Corporación municipal, que inició el 9 de diciembre de 2014 un expediente de expropiación cuya conclusión está pendiente, y que lo único que ha conseguido ha sido paralizar el comienzo de las labores de recuperación, trabajos que si la citada expropiación se llega a producir no podrán acometerse por la falta de liquidez del Ayuntamiento, que en principio no puede ni aportar la cantidad a abonar al propietario, sino es mediante una subvención de otro organismo público provincial o autonómico.

Además de la referencia a la obra de Cristóbal Guitart, una parte de las notas históricas sobre castillo y torre, así como las medidas de esta última han sido una valiosa aportación del arquitecto Valentín Arrieta que recoge en el citado “Plan Director del Castillo de Cosuenda”.

 

 
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