un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO (AGUILÓN)


Sorprende entrar en Aguilón. A 52 kilómetros de Zaragoza. Cuando se pasa por la carretera uno se fija en el barranco que se abre al lado de la misma con vehículos estacionados en su interior y paso obligado de una parte a otra del pueblo. ¿cómo se verá en caso de riada?. Realmente, pienso que tiene que impresionar. A 683 metros sobre el nivel del mar, el casco urbano se estructura longitudinalmente a ambos laterales de barranco y carretera.

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De la parroquial de Nuestra Señora del Rosario nos interesa principalmente su torre campanario que se levanta adosada al ábside de la cabecera. De ladrillo en su totalidad, tiene planta cuadrada y un solo cuerpo, al que se le añadió otro más pequeño, octogonal, en el siglo XVIII.

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El acceso al interior se realiza por una puerta que abre en la capilla situada en el lado de la Epístola del presbiterio, y no parece el original que debía de estar en alto. Desde aquí se llega, a través de una moderna escalera metálica de caracol en el centro de una dependencia anexa a la capilla, a la parte superior, ya que en la baja se aloja una estancia de planta cuadrada abovedada con medio cañón.

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Un tosco hueco deja paso a la torre en sí, que tiene estructura de alminar con dos torres entre las que discurre la caja de escaleras, que se cubre con las características bovedillas por aproximación de hiladas o enjarjadas.

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La torre interior se divide en dos estancias superpuestas que se cubren con bóvedas de medio cañón, al igual que la inferior, contraponiendo el eje de las mismas alternativamente, de tal manera que el peso no recaiga únicamente sobre dos de las paredes, ya que las arruinaría. Esta solución la encontramos también en las estancias interiores de la torre de Santa María de Ateca, cuya construcción podemos datar en época islámica.

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En la parte alta, correspondiente al campanario, abren dos vanos en arco ligeramente apuntado en cada uno de los lados. Aquí nos encontramos con una compleja estructura interior compuesta por ocho enormes pilastras, dispuestas una en cada ángulo y otras cuatro en el centro de los laterales, entre los huecos de los vanos, y un pilar que se levanta en el centro de la sala, todo ello trabado en la parte alta con arcos.

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Según Gonzalo Borrás se trataría de una reforma realizada, aproximadamente, en el siglo XVII con el objeto de reforzar esta parte alta de la torre, de tal manera que permitiera elevar sobre la misma un cuerpo de campanas octogonal, al estilo de las torres-campanario mixtas que se habían generalizado a partir del siglo XVI. Parece ser que no se realizaron bien los cálculos, y al cargar los pilares y pilastras sobre la primitiva estructura mudéjar se dañó la misma produciendo agrietamientos que todavía son visibles, con lo que hubo de paralizarse el proyecto. De esta forma, lo que iba a ser un alargado y esbelto campanario octogonal, quedó reducido al pequeño remate que hoy observamos. Esta opinión viene a rectificar la que mantenía en su primera obra sobre el arte mudéjar aragonés, en la que opinaba que se trataba de una solución singular para cubrir el cuerpo de campanas y compensar la debilidad de las paredes exteriores de la torre en esta parte alta.

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