un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE SAN ANDRÉS (AGUILAR DE CAMPOS)


Aguilar de Campos se sitúa en la parte vallisoletana de la comarca de Tierra de Campos. Se le identifica con la población de Intercatia, que fue atacada por Lúculo en el 151 a.C., aunque documentalmente no es hasta 1120 cuando se conocen datos de villa que tuvo un gran desarrollo en el siglo XIII. Sus dos elementos artísticos más destacados se levantan en la Plaza Mayor: el rollo jurisdiccional, obra gótica del siglo XV, y la iglesia de San Andrés, construcción gótico-mudéjar del mismo siglo.

La historia de la iglesia de San Andrés está íntimamente ligada desde sus orígenes a la familia Enríquez, concretamente a Don Alfonso Enríquez, a quien Juan I hace donación de la villa de Aguilar en 1389, que hizo testamento en 1426 dotando de diversos bienes a esta iglesia. Ramón Pérez de Castro que ha estudiado a fondo la historia de la villa, fecha la construcción entre 1405 y 1431 (los motivos heráldicos tallados en los canecillos de las naves corroboran esta cronología), posiblemente iniciada por Don Alfonso bajo la supervisión directa de su esposa, Juana de Mendoza, con intervenciones posteriores de su hijo y heredero del título Fadrique I y su segunda esposa, Teresa de Quiñones, cuyos escudos de armas aparecen en el coro que se conserva en la nave del Evangelio.

La iglesia, que se levanta en la falda del desaparecido castillo, es la más importante de las mudéjares en Tierra de Campos, y posiblemente la de toda la provincia vallisoletana. Una de sus peculiaridades la encontramos en el sistema constructivo de las tres naves, a base de cajones de mampostería encintados de ladrillo al modo del aparejo toledano, algo inusual en la zona donde son habituales las construcciones de ladrillo o tapial sin más.

Al exterior llama la atención el brusco cambio entre este cuerpo propiamente mudéjar de la iglesia, correspondiente a las naves, y el crucero y cabecera pentagonal de cinco lados con voluminosos contrafuertes en las esquinas. Además del cambio de materiales y de la diferencia de altura, la serie de canes que corren por la parte alta de las naves no tienen continuación en el tramo de los brazos del crucero, apareciendo nuevamente en la cabecera aunque con factura diferente. Por una parte son de tallado más tosco y entre ellos apenas hay temas zoomórficos, muy abundantes sin embargo en las naves; además los escudos heráldicos prácticamente desaparecen. Todo ello hace pensar en fases constructivas posteriores para esta parte del templo, mediados del siglo XV para el crucero y finales del mismo siglo o inicios del XVI para la cabecera. Al lado meridional de esta última se levanta adosada la sacristía, obra de los primeros años del siglo XVII.

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En la fachada principal, encima de la gran portada se levanta una gran espadaña de piedra sillar para alojo de las campanas. Sobre ella, y en un costado, se apoya una segunda de ladrillo que alberga la campana del regimiento, para cuyo uso se abrió una pequeña puerta al exterior en el muro de la Epístola donde se colocó el reloj en un pequeño cuarto. Espadaña y cuarto fueron reformados en el siglo XIX.

Según José María Quadrado, que todavía lo llegó a ver, la iglesia tenía un pórtico en la fachada principal que llegaba desde una capilla lateral a la del lado contrario: “ sus pilares octogonales, con las bases esculpidas al igual que los capiteles, llevan arriba varios blasones; su techo hundido en parte, sin conservar más que las vigas, ofrece vestigios de arábigas labores; y en derredor despliegan singulares y variados caprichos infinitas ménsulas, que siguen por fuera a lo largo de las naves menores y principal ”. Según se aprecia en un grabado de Parcerisa que acompaña al texto de Quadrado, el pórtico constaba de un gran arco central ocultando la portada principal, tres apuntados en el lado izquierdo y dos de medio punto en el derecho. Se han conservado tres pilares ochavados embutidos en el muro con capiteles decorados con un ancla, escudo de armas de la familia Enríquez y símbolo del Almirantazgo. A este pórtico abrían las capillas que ocupan los brazos del crucero, de construcción similar a la de su tramo central.

Un interés especial tienen las tres portada con que cuenta esta iglesia de San Andrés, algo insólito en Tierra de Campos, ya que como norma general los templos mudéjares de la zona carecen de entradas monumentales.

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La más espectacular de las tres es la principal. De ladrillo, consta de cuatro grandes arcos de herradura más otro doblado, ligeramente apuntados y abocinados como si se tratase de arquivoltas. Se decora el exterior con un juego de fingidas dovelas salientes y rehundidas, simulando el despiece de los arcos de piedra sillar. El salmer es de piedra decorado con formas lobuladas en varios de los arcos. Rodea todo el conjunto un alfiz que termina a la altura de los salmeres.

En la parte superior adintelada del alfiz se dispone un despiece de dovelas alternantes como en el arco exterior, mientras que en sus ángulos aparecen modillones lobulados pétreos que servían para apoyo de la cubierta del pórtico o de guardapolvos. Flanquean la portada dos de las columnas ochavadas del pórtico que se conservan.

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