un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

ALFARJE DE LOS AZLOR - PALACIO DE VILLAHERMOSA- (HUESCA)

   

 


El palacio de Villahermosa se ubica en pleno centro histórico de la ciudad de Huesca, concretamente en el número 4 de la calle Duquesa de Villahermosa, junto al Coso oscense, y precedido de una amplia plaza que cierra con una artística verja del siglo XIX.

En este solar, situado en el interior del recinto amurallado, junto a una de sus puertas, tuvo en época medieval su residencia la familia Azlor. La estructura del edificio que ha llegado a nuestros días corresponde en su mayor parte a las amplias reformas y ampliaciones acometidas a lo largo de los siglos, especialmente en el XVII y XVIII, coincidiendo con las épocas en las que los Azlor reciben el título de Condes de Guara, 1678, y el ducado de Villahermosa en la centuria siguiente.

La fachada principal, que se data en la segunda mitad del siglo XVI, presenta las características propias de los palacios renacentistas aragoneses. Obrada en ladrillo sobre un alto basamento de piedra sillar, consta de tres plantas, con una sencilla portada en arco de medio punto en el centro de la primera. Se completa esta planta calle con tres pequeños vanos en cada lateral. En la segunda planta, o planta noble, abren siete vanos adintelados de mayor amplitud que los inferiores, dispuestos en línea con aquéllos y con la portada. Por último, el tercer piso lo ocupa la característica galería corrida aragonesa a base de vanos doblados en arco de medio punto con antepechos lisos. Según el arquitecto Eduardo Cuello, director de la rehabilitación del edificio, tras esta fachada se encontraban los restos de edificaciones más antiguas, entre ellas la estancia con el alfarje, con unas características constructivas claramente diferenciadas del resto. Una segunda zona correspondería a ampliaciones de finales del siglo XVII o principios del XVIII.

A comienzos del siglo XX, Ricardo del Arco, en su obra “Antiguas casas solariegas de la ciudad de Huesca” todavía describe restos de techumbres con decoración heráldica: “Este palacio en su interior tiene buena escalera y algunos techos con vigas o artesonados de interesante labor, con armas de familias”. En 1926 la duquesa Mª Pilar Azlor de Aragón y Guillamas cedió el edificio a la Congregación de Hermanos de San Viator para establecer en él una escuela de niños. En 1985 cierra el centro docente y el edificio queda abandonado y en estado de ruina progresiva, hasta que en 1999 es adquirido por Ibercaja que pocos años después inicia las obras de restauración y rehabilitación para convertirlo en la sede de su Centro Cultural en la capital oscense.

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Después de la restauración, el interior ha quedado dividido en tres plantas, articulado el espacio en torno a un patio cerrado que se cubre con una espléndida techumbre mudéjar tipo alfarje, que es el motivo de estas páginas. La adecuación del nuevo espacio consistió en la demolición del palacio, excepto la fachada principal, según proyecto del citadol arquitecto Eduardo Cuello. El mismo Cuello explica que el alfarje fue hallado “bajo un falso techo, durante los trabajos de demolición y en uno de los espacios de la fachada principal de la planta primera de la parte original del siglo XVI. Su disposición, formato y defectos de colocación manifestaban claramente su reubicación en la sala donde se encontró, trasladado seguramente de otra zona del edificio”.

Según la memoria de restauración, incluida en la obra “El Palacio de Villahermosa” editada por Ibercaja en 2010, y a la cual también pertenece el texto anterior del arquitecto restaurador, “el alfarje constaba en origen de cinco calles, uno de ellas totalmente falsa, sin ningún tipo de motivo decorativo.” Una vez eliminada esa calle adicional, se decidió su ubicación cerrando el patio en torno al que discurren las escaleras que comunican las plantas calle y primera.

El alfarje tiene una anchura de 6,83 m y 3,86 m de largo. Su estructura la componen 3 vigas maestras o jácenas que descansan sobre 6 canes, 68 jaldetas distribuidas en sus cuatro calles y 128 tabicas cerrando los huecos entre jaldetas en su unión con las jácenas. Si esta estructura no presenta especiales elementos de interés, al ser la propia de las techumbres mudéjares de este tipo, no ocurre lo mismo con la decoración pintada que cubre la mayor parte de sus superficies, y que la hace única dentro del mudéjar aragonés, solo comparable con la que cubre la nave central de la Catedral de Teruel y la que soporta el coro de la ermita de San Román en la Puebla de Castro. En cuanto a la decoración tallada, esta se limita a los canes.

La pintura está realizada al temple, con predominio de los colores, rojo, azul y amarillo, junto al blanco, el negro y tonalidades intermedias. En la ejecución de los motivos se distingue, especialmente en las tabicas, que al menos fueron dos sus artífices, ya que algunos de ellos muestran una factura mucho más simple y tosca que el resto. Por último, la temática es muy variada, incluyendo motivos heráldicos, figurativos, animalescos, geométricos y vegetales, y se trata con detalle desde la página 19 a la 33.

En cuanto a la cronología, hasta fechas recientes se venía aceptando la aportada en una primera aproximación por Gonzalo Borrás que la situaba en el siglo XIV, como eslabón entre la techumbre de la Catedral turolense, datada a finales del XIII, y la de ermita de Castro que Mª Isabel Álvaro Zamora fechó en 1400. Un profundo estudio de los motivos heráldicos del alfarje realizado por el historiador oscense Carlos Garcés Manau y publicado en el último número de la revista Argensola bajo el título “EL ALFARJE MUDÉJAR DE LOS AZLOR (HUESCA): UNA OBRA REALIZADA HACIA 1280, CONTEMPORÁNEA DE LA TECHUMBRE DE LA CATEDRAL DE TERUEL”, identifica correctamente la heráldica y la encuadra en un período histórico concreto que permite determinar que el alfarje es obra del siglo XIII. Este apartado se verá con más detalle en la página dedicada a la heráldica de la techumbre. Por su especial interés, incluyo el artículo completo que se puede descargar en formato pdf pulsando sobre el siguiente icono.

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Comenzando la descripción de la techumbre por sus piezas principales, las tres jácenas, hay que decir que la parte visible de las mismas no corresponde a las vigas propiamente dichas sino a plafones que cubren sus laterales y papos. Estos plafones van decorados por el barrado de color rojo sobre fondo amarillo del Senyal Real de Aragón, tal y como es habitual en los alfarjes. En ambos laterales y en el centro se disponen bandas en “U” que encierran de modo alternativo los cuatro escudos heráldicos que se repiten en la techumbre, todos sobre fondo negro salpicado de pequeños grupos de tres puntos amarillos, y enmarcados por una doble cinta blanca entrelazada.

Toda la estructura se cierra con una tablazón producto de la rehabilitación, ya que en su día no se pudo recuperar el cierre original, en el supuesto que lo hubiese, ni restos del mismo que pudieran haber indicado su estilo y forma. Para darle continuidad y unificar la decoración del conjunto se optó por utilizar el mismo motivo barrado en rojo y amarillo de las jácenas, incluyendo sus motivos heráldicos sobre el mismo fondo negro salpicado de grupos de tres puntos amarillos, aunque en este caso la doble cinta entrelazada que los enmarca forma un octógono inscrito en un cuadrado.

 

 
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