un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

ERMITA DE LA VIRGEN DE LA CARRASCA (BLANCAS)


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La ermita de la Virgen de la Carrasca, patrona de la localidad turolense de Blancas, se sitúa en el camino de Odón, a unos dos kilómetros aproximadamente del casco urbano, en el lugar donde la tradición sitúa, alla por el siglo XIII, la aparición de la Virgen a un pastor entre las ramas de una frondosa carrasca. El conjunto comprende la ermita actual, construida en la segunda mitad del siglo XVIII y la antigua que se utiliza como merendero y cocina para los romeros; entre ambas se halla la que fuera casa del ermitaño.

De este conjunto de edificaciones nos interesa la ermita primitiva, una construcción del siglo XIV de una nave de cabecera recta y tres tramos separados por dos arcos diafragma apuntados de piedra sobre los que apoya una techumbre de madera, el último ocupado actualmente por las dependencias de la casa del ermitaño.

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Al exterior, potentes contrafuertes, reforzados má tarde, contrarrestan el empuje de los arcos. La puerta abre en el segundo tramo en forma de arco de medio punto de ladrillo sobre el que hay una pequeña banda de dos filas de esquinillas dispuestas al tresbolillo.

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La estructura de la techumbre de madera a dos aguas que cubre los tramos de la nave es de falsa parhilera donde cada vertiente está formada por una especie de alfarje inclinado, algo habitual en este tipo de techumbres que apoyan en arcos diafragma.

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La techumbre carece de decoración pintada y la tallada se reduce a un sencillo motivo de rollos en las terminaciones de los canes zapata sobre los que apean las vigas mayores o jácenas.

Quizás el mayor punto de interés del interior de esta ermita sea el pequeño paño decorativo que se conserva en la cabecera. Se trata de un motivo mudéjar en forma de dibujo geométrico de entrelazo y que es posible que cubriese el resto de los muros, o al menos el de la cabecera en torno al retablo mayor, que ahora aparecen completamente blancos, mismo aspecto que ya señala en la primera mitad del siglo XVIII el padre Faci en su obra “Aragón, dote de María Santíssima”, donde señala que “las paredes de la Yglesia están blancas, lucidas y adornadas por varios y hermosos cuadros”, también habla de la techumbre de madera, de una reja que había delante del altar mayor y de un amplio coro.

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El aumento del número de feligreses y romeros que acudían a la ermita parece ser que fue el motivo que llevó en el siglo XVIII a plantear la construcción de un nuevo templo de mayor capacidad. La tradición oral habla también de que en la ermita antigua la Virgen no estaba contenta ya que se situaba de espaldas al pueblo, por lo que se decidió levantar otra orientada al oeste de tal manera que la imagen quedase dando frente al casco urbano. Lo que sí parece seguro es que las obras, o al menos parte de ellas, se sufragaron con el importe de la venta del espléndido tríptico que ocupa la cabecera de la ermita antigua, y que también cita el padre Faci, que dice que en la tabla de la izquierda se representaba a San Antonio Abad, en la de la derecha a San Juan Bautista, y en la central a la Virgen de la Misericordia o de la Carrasca.

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De las tres tablas solamente está localizada la central que actualmente podemos ver en el Museo de Arte de Cataluña, donde fue a parar tras su venta, con permiso eclesiástico, a un anticuario. Atribuida al pintor zaragozano Bonanat Zahortiga, se la fecha hacia 1430-40, y está considerada como una destacada muestra del estilo gótico internacional aragonés de la primera mitad del XIV.

La Virgen cobija bajo su manto a una multitud de personajes de variada edad y condición, entre los que podemos encontrar tanto laicos como religiosos. Su manto, que sostienen dos ángeles, protege a los seres humanos de las cinco flechas que han caído del cielo, y que simbolizan a la peste, uno de los males más temidos y extendidos en la Europa de la Baja Edad Media, entendida con frecuencia como castigo divino por los pecados de la humanidad. El pintor recoge la tradición de la aparición de la Virgen entre las ramas de una carrasca incluyendo en la parte inferior izquierda de la composición una carrasca o pequeña encina.

Tal vez, la techumbre de madera, y sobre todo ese pequeño retazo de motivo mudéjar de entrelazo que queda en la cabecera, y que adquiere un significativo valor al ser uno de los escasos ejemplos de este tipo de decoración que se conservan en tierras turolenses, debieran ser motivos suficientes para acometer las necesarias restauraciones que el edificio precisa, a la vez que se le asigna un uso más digno que el actual de merendero.

 

 
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