un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

Ermita de Nuestra Señora del Gavilán (ANCHUELA DEL PEDREGAL)


Muy cercano a Molina de Aragón, Anchuela del Pedregal es uno de los pueblos que con más dureza ha sufrido los efectos de la despoblación, que en mayor o menor medida afectaron a toda la Comarca. Como es habitual en las localidades del que fuera Señorío de Molina, nada sabemos sobre sus orígenes ni devenir histórico hasta que aparece documentalmente en la relación de parroquias de la Diócesis de Sigüenza que se confecciona en 1353. En los siglos XVI y XVII se llamó “Anchuela de en somo de la Villa” y “de sobre la Villa”, por ubicarse en un altozano que dominaba la vista de Molina.

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Su casco urbano se ubica en una ladera al pie de la Sierra de Caldereros, con las calles dispuestas en su mayoría en forma de terrazas orientadas en sentido este-oeste. En la parte alta del pueblo se conservan los restos de un antiguo poblamiento a base de casas hundidas y el cementerio viejo, tal vez asentamiento primero de sus habitantes, que más tarde se desplazaron hacia la parte baja mucho más cómoda y accesible. En el centro del pueblo se sitúa la Plaza con sus principales edificios: la Casa del Lugar y la iglesia de San Andrés. Además de la parroquial, a la entrada del pueblo se levanta la ermita de San José, curiosa obra construida por un indiano hijo del lugar, que combina estilos de corte precolombino en su recargada portada, con otros geométricos en muros exteriores e interiores.

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De origen medieval es la ermita de Nuestra Señora del Gavilán, aunque con importantes ampliaciones y modificaciones del siglo XVIII. Se ubica a unos dos kilómetros del pueblo, tomando el camino que sale frente a la carretera de entrada al pueblo desde la N-211.

Sobre esta advocación y la construcción del Santuario existe una leyenda que se remonta a la Edad Media, según la cual, un judío rico, de nombre Macandón, paseaba por estos parajes montado a caballo cuando de repente un gavilán espantó al caballo, cayendo el jinete al suelo. En el momento de la caída Macandón invocó a la Virgen, saliendo ileso del percance. En agradecimiento mandó construir esta ermita dándole el nombre una nueva advocación: Nuestra Señora del Gavilán. Parece ser que el santuario, que contaba incluso con casa para el santero, actualmente arruinada, tuvo una considerable importancia, ya que el Cabildo de Molina acudía en rogativa todos los años un día después de la Pascua del Espíritu Santo.

El edificio actual presenta planta rectangular dividida en dos cuerpos, correspondiendo el de la cabecera a la ampliación del siglo XVIII. Está construido a base de sillarejo y mampostería con piedra sillar de refuerzo en esquinas y en vanos de ventanas y puerta de entrada. Esta última abre en la parte de los pies del muro de mediodía en arco de medio punto. En ella se inscribe la fecha de 1816, que correspondería con una de las reconstrucciones del edificio.

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Todavía en fase de restauración en 2010, la nave se cubre con moderna techumbre de madera a dos vertientes que vino a sustituir a la original, parte de la cual se trasladó al coro de la ermita de la Virgen de la Hoz en Ventosa. Se conserva, muy reconstruida, la que cubre el espacio de la cabecera, a la que se accede a través de amplio arco triunfal en medio punto.

Como suele ser habitual, la techumbre tiene forma de artesa con perfil de par y nudillo, limas mohamades y vigas cuadrales sobre ménsulas talladas en forma de pergamino.

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En cada extremos de los plafones o tabicas que conforman los faldones se disponen pequeños espacios rectangulares con una estilizada estrella de ocho puntas en bajorrelieve en su centro, entre dos piezas talladas en el lado interior en forma de arco conopial.

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Como suele ser habitual en las techumbres de la zona, la decoración se concentra en el almizate, en este caso formado por 25 espacios cuadrados en los que, a base de pequeñas piezas de madera talladas, se crea un motivo de tradición mudéjar que alterna estrellas de ocho puntas con cruces aspadas. Los trece espacios estrellados se rellenan con piezas talladas en forma de flores abiertas.

 

 
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