un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

Ermita de la Soledad (EMBID)


La villa de Embid se ubica en el límite mismo con Aragón. Al parecer Embid fue conquistada junto con Guisema, Milmarcos y Anchuela del Campo en 1121 por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, como paso previo a la conquista de Molina, lo que presupone un poblamiento del lugar en época musulmana, aunque sus primeras noticias documentales son más tardías, en 1293 aparece citado en las mandas de Doña Blanca y en 1353 en la relación de parroquias de la Diócesis de Sigüenza, con una reseña intermedia que recoge Diego Sanz en su libro “El Señorío de Molina”, de una nota documental del Libro de los Apeos del monasterio de Piedra conservado en el Museo de Teruel, acerca de la las propiedades que el cenobio tenía en el Señorío de Molina en 1344, entre las que figura la “grangia de Embit”, la cual tenía una extensión de cinco yugadas de tierra y era productor de una donación que en 1213 había hecho el conde Gonzalo Pérez. Esta granja se situaba en las inmediaciones del camino que conducía a Daroca.

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En uno de los extremos del pueblo se levanta su, hace no muchos años, reconstruido castillo, que ha marcada el devenir histórico de la población. Las disputas por su posesión a lo largo de los siglos, especialmente durante la guerra de los Dos Pedros, llevaron a la despoblación del lugar entre finales del siglo XIII y principios del XIV.

El casco urbano corona un pequeño montículo, con la iglesia a los pies, junto al castillo, las casas extendiéndose sobre la parte baja de la ladera, y las eras y pajares en la parte alta. Callejeando con calma podremos observar interesantes ejemplos de arquitectura popular, entre los que destacan varias casas grandes: de los Sanz de Rillo Mayoral, de los Ordóñez Villaqueral, del Doctor Martínez Molinero, etc.

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Dentro de la arquitectura religiosa, Embid cuenta con una interesante iglesia parroquial bajo la advocación de Santa Catalina, y dos ermitas, la de Santo Domingo de Silos a unos cuatro kilómetros del pueblo en la carretera hacia Daroca y la de la Virgen de la Soledad.

Esta última se ubica en las afueras, a la izquierda del castillo. Siguiendo el modelo de las ermitas molinesas, es de pequeñas dimensiones, planta cuadrada, volumen cúbico y tejado a cuatro aguas, con gran portada de entrada en arco de medio punto a base de grandes sillares; el resto de la construcción es de mampostería, excepto las esquinas que se refuerzan con piedra sillar. En las dovelas de la portada hay grabadas curiosas inscripciones y dibujos de una calidad bastante notable.

Al interior cierra con techumbre de madera en forma de artesa con almizate central de forma rectangular, limas mohamares y vigas cuadrales en las esquinas.

El alicer se decora con una línea de arquillos de medio punto; las piezas de los extremos de las tablas que cierran los faldones lo hacen con tres lóbulos, más grande el central.

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Como suele ser habitual en estas techumbres, el motivo decorativo más interesante ocupa el almizate, en este caso alternando estrellas de ocho puntas con cruces aspadas. Buena parte de las pequeñas tablas que se clavetearon para componer estos motivos se han desprendido, sobre todo en las estrellas de ocho, de las que no hay actualmente ninguna completa. También han desaparecido todas las piezas, excepto dos, que rellenaban el interior de los espacios estrellados. De forma cuadrada, tienen inscritos dos círculos, y entre ellos doce pétalos quedando la mitad en blanco y alternando los otros seis el rojo y el negro.

Esta techumbre es similar a la de la ermita de la Soledad de Cubillejo del Sitio.

El suelo de la ermita presenta un curioso empedrado colocado formando dibujos, el principal delante del altar en forma de flor abierta en el interior de un círculo que a su vez se inscribe en un cuadrado orlado en forma de espiga.

 

 
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