un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA (PERDIGUERA)


Perdiguera se sitúa en la depresión del Ebro, al pie de la Sierra de Alcubierre y a 25 kilómetros al nordeste de Zaragoza, ya en el límite con la provincia de Huesca. En su término se han hallado restos de época romana, estando documentada su existencia en la Edad Media. Además del edificio de la Casa Consistorial y de la Ermita de San José con un interesante y desconocido conjunto de yeserías barrocas con motivos de tradición mudéjar, destaca en su casco urbano el macizo conjunto de la iglesia parroquial de la Asunción  de Nuestra Señora

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La iglesia, tal y como hoy la contemplamos hoy en día, es producto de dos fases constructivas. La primera en el siglo XV, y de la que sabemos que se termino en 1496 y el nombre de su artífice por la inscripción que hay grabada sobre la puerta de entrada que luego veremos. A esta fase correspondería un templo de nave única con ábside poligonal de cinco lados y tal vez capillas poco profundas entre los contrafuertes.

En el siglo XVI se realiza la ampliación de la iglesia, dotándola de capillas laterales más amplias y se levantan la galería superior sobre el primitivo tejado. A esta ampliación se adscribe también la torre, aunque probablemente solamente sería el actual cuerpo de campanas.

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Al exterior puede apreciarse perfectamente la amplia reforma practicada en el siglo XVI que enmascaró la primitiva fábrica del XIV, quedando dividido el conjunto en tres volúmenes fácilmente identificables.

El primero de ellos correspondería al ábside poligonal de cinco lados con contrafuertes en las esquinas, ligeramente más bajos los dos centrales, que conforma la cabecera. Está exento de decoración a excepción de una sencilla banda de esquinillas que es prolongación de la que corre a lo largo de la parte superior de las capillas laterales. En la parte alta del paño central se abre un pequeño óculo que sirve de iluminación al interior del presbiterio.

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En el cuerpo de nave, merece la pena detenerse a examinar la parte superior del hastial, por encima del atrio de entrada, donde encontramos dos elementos que no se repiten en el resto del edificio.

En primer lugar, sobre una banda de esquinillas que se prolonga en el lateral del primer contrafuerte se dispuso una franja a base de cruces de múltiples brazos formando cinco rombos completos y un medio. En el centro del interior de cada uno de ellos una pequeña cruz en resalte. A continuación, una segunda banda de esquinillas, esta vez al tresbolillo.

En la parte superior, ya en la parte correspondiente a la galería aragonesa del siglo XVI, se abren dos vanos simples con arco de medio punto cuya rosca va enmarcada por una sobresaliente moldura, a diferencia del resto de vanos que son doblados. Finalmente, cerca del tejado, en la parte izquierda abren otros dos pequeños vanos en arco de medio punto. Estos cuatro vanos se ve claramente como son de una factura mucho más tosca que los que recorren el recrecimiento.

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En los laterales de la nave podemos ver en la parte inferior el tramo correspondiente a las capillas sobre un pequeño basamento de piedra, y con una banda de esquinillas al tresbolillo que recorre toda la parte alta por debajo del alero como único elemento decorativo. Por encima, sobresale la parte superior de los contrafuertes y los óculos que, en número de uno por tramo, iluminan la nave central. En su parte superior, por debajo de la galería del XVI, y como continuación a los laterales de la nave, otra banda de esquinillas también al tresbolillo, se dispone debajo de una línea de ménsulas en forma de pirámide invertida que sustenta el alero del primitivo tejado de ábside y nave.

La parte alta del edifico la conforma el recrecimiento renacentista, recrecimiento que se hace, al igual que en muchas otras iglesias para subsanar los problemas de humedad y filtraciones de las cubiertas antiguas, creando una cámara de ventilación entre las bóvedas y el tejado. El resalte de su decoración y vanos hacen que la iglesia tenga un toque especial que llama la atención. Esta galería recorre la totalidad de la nave, incluido el ábside, y se divide en dos cuerpos mediante una fina imposta que recorre todo su perímetro.

La parte baja, a modo de antepecho de la galería superior, presenta una franja de cruces de múltiples brazos formando rombos según el estilo de la segunda mitad del siglo XVI. Los rombos situados en los paños del ábside están realizados con ladrillos más alargados y colocados más juntos que el resto, con lo que dejan un espacio interior mucho más reducido y alargado. Ribetean esta franja en su parte superior e inferior sendas bandas de esquinillas formadas por hiladas dispuestas al tresbolillo. En la parte superior vemos la típica galería aragonesa, formada por 46 vanos en arcos de medio punto doblados.

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