un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA HUERTA (TARAZONA)

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Después de casi treinta años cerrada, el 16 de abril de 2011 la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona fue de nuevo abierta al público y al culto. Un largo proceso que comenzó en 1984, cuando se produjo su cierre parcial, y que llevo en 1991 a su cierre definitivo. Durante este tiempo se han recuperado y sacado a la luz interesantes elementos, algunos de ellos tan relevantes que le ha valido el título de “Capilla Sixtina del Renacimiento español”, que junto a una cuidada restauración de lo ya conocido han devuelto todo su esplendor a la Seo turiasonense, luciendo en toda su magnificencia los diferentes estilos artísticos que la conforman: gótico, mudéjar, renacentista y barroco.

Si ha sido mucho lo hecho hasta el momento, todavía queda una importante labor de restauración que afecta al atrio barroco que cobija la portada principal y a algunas de sus dieciséis capillas que todavía están sin reconstruir, además de devolver al claustro su fisonomía original e intentar hacer visitables los restos arqueológicos aparecidos en el subsuelo, especialmente el magnífico mosaico romano localizado a 3,5 metros bajo el suelo de la Catedral.

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Es precisamente el hallazgo de este mosaico el que nos habla de la temprana ocupación del solar que actualmente ocupa la Catedral. Ya en época cristiana se sabe que la diócesis de Tarazona es una de las más antiguas de España, puesto que aparecen firmas de sus obispos en las actas de los Concilios en los siglos VI y VII. Cuando en el 714 la ciudad es conquistada por los musulmanes, la probable sede episcopal situada en la actual iglesia de la Magdalena se convierte en mezquita mayor, por lo que la comunidad mozárabe que allí permanece trasladaría el culto a la ermita de la huerta, situada extramuros en lo que ahora es la Catedral. Según Federico Torralba, fuera de la muralla había, además de esta iglesia dedicada a la Virgen de la Hidria (por el jarrón de azucenas que tenía en las manos la imagen) otra donde ahora está la Merced.

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Será tras la conquista cristiana de la ciudad en 1119 por Alfonso I el Batallador que se restaure la antigua sede episcopal y su iglesia Catedral para lo que el Rey nombra obispo a Miguel de Toulouse como titular, dotándole de las rentas necesarias para la reconstrucción de la diócesis.

Ahora bien, si no hay duda sobre los titulares de la diócesis desde el mismo momento de la conquista cristiana, no ocurre lo mismo sobre el lugar donde se ubicó la Catedral. Lo único que conocemos es la generosa donación de sus bienes por parte de la turiasonense Teresa Cajal, madre de Pedro Atarés, para acometer las obras de una nueva catedral románica. A pesar de que se viene admitiendo que estas obras se realizarían en la ermita mozárabe consagrada como Catedral en detrimento de la iglesia de la Magdalena por estar “contaminada” por su uso como mezquita durante la dominación islámica, particularmente soy de la opinión que defiende Gonzalo Borrás, de que la nueva Seo se ubicaría en esa mezquita mayor, o sea, en la Magdalena, y que las obras promovidas por Teresa Cajal corresponderían a su actual triple cabecera absidial.

Hay que tener en cuenta que era costumbre admitida, y así se venía haciendo en todas las ciudades tras pasar a manos cristianas, el consagrar como Catedral la mezquita mayor. Ciñéndonos únicamente a tierras aragonesas, así se hizo en Barbastro, Huesca y Zaragoza, donde a pesar de haber dos iglesias mozárabes (Nuestra Señora del Pilar y de las Santas Masas) se elige la mezquita mayor como sede de la nueva Catedral, transcurriendo más de sesenta años hasta que comienzan las obras con la construcción de tres ábsides y una portada en estilo románico, por lo que no hacerlo así en Tarazona resulta, al menos extraño y prácticamente único, al menos en tierras aragonesas.

De una u otra manera, no será hasta el siglo XIII cuando tengamos noticias fidedignas de la construcción de una nueva Catedral en el solar que ocupaba la ermita de Nuestra Señora de la Hidria, que por su situación pasó a denominarse de “Nuestra Señora de la Huerta”. Así en 1235, siendo obispo García Frontín II y rey de Aragón Jaime I el Conquistador, se inician las obras de un nuevo templo en estilo gótico. La importancia económica y territorial que va adquiriendo la sede turiasonense aconseja dotar a la ciudad de un templo catedralicio acorde con la misma por lo que se elige un emplazamiento extramuros, en la margen derecha del Queiles, sobre una parte de la huerta donde ya se encontraba una iglesia que había sido la primera sede episcopal en época tardo-romana y visigoda, donde se disponía de un amplio espacio para llevar a cabo tan ambicioso proyecto, algo impensable en el casco urbano donde las limitaciones, tanto de ampliación en la Magdalena como de nueva ubicación, eran prácticamente insalvables.

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De esta manera comenzaría un largo proceso constructivo en estilo gótico francés que se tradujo en un templo de tres naves con un transepto que se alineaba con ellas y con una girola sin capillas excepto las situadas en sus dos entradas; las naves laterales cerraban con muros continuos sin capillas. Para Gonzalo Borrás, el conjunto se completaba con un claustro y capillas laterales.

La Catedral de Tarazona fue consagrada el 20 de abril de 1235 y un siglo más tarde quedo arruinada su fábrica por las tropas castellanas que tomaron la ciudad el 9 de marzo de 1357 durante la Guerra de los Dos Pedros. El templo se habilitó para cuartel frente al amurallado recinto urbano y quedó en tal mal estado tras la ocupación castellana que el Cabildo consideró la posibilidad de abandonarlo, derribarlo por completo y trasladar la sede a la iglesia de la Magdalena, lo que al final no se hizo, comenzando su reconstrucción bajo el impulso del obispo Pedro Pérez Calvillo.

La restauración se iniciará en 1362 tras haber obtenido el cardenal Ferriz, que había sido obispo de la sede, un jubileo de Roma mediante el que se concedían indulgencias a quien ayudara a las obras con dinero o con trabajo personal, lo que atrajo a la ciudad recursos suficientes para comenzar la reparación de la fábrica gótica, para la que se abandonó la piedra como material constructivo siendo sustituida por el ladrillo, aunque no será hasta el siglo XV en que comiencen las intervenciones mudéjares.

 

 
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