un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE MEDIAVILLA (TERUEL)

TECHUMBRE



Hasta la fecha no disponemos de ningún dato documental que nos aporte una fecha para la construcción de la techumbre que cubre la nave central de la catedral turolense. Una interpretación errónea del cuaderno de cuentas de 1335 “Recepta de la obra de Sancta María”, llevo a establecer su cronología hasta bien entrado el siglo XX en ese año, además de atribuir su autoría al pintor Domingo de Peñaflor.  No es hasta 1973 en que Santiago Sebastián y César Tomás Laguía realizan un nuevo estudio del documento, cuando se concreta que las obras a que hace referencia el mismo no tienen ninguna vinculación con la techumbre.

En este estado de la cuestión, únicamente los análisis dendrocronológicos y los datos aportados por diversos estudiosos del tema nos aproximan a una cronología situada alrededor de las últimas décadas del siglo XIII. Ya en 1953, Leopoldo Torres Balbás apuntaba la segunda mitad de este siglo como fecha de construcción. Angel Novella Mateo reduce, en 1964, esta cronología al último tercio de siglo. En 1991 Antonio Almagro da a conocer el resultado de los análisis dendrocronológicos realizados por Eduardo Rodríguez Trobajo que aportan la fecha de 1261 como año de corte de las maderas utilizadas en la carpintería de la techumbre. Teniendo en cuenta que la madera se dejaba secar después de su cortado durante un período razonable, podría situarse su uso alrededor del año 1270, coincidiendo con la teoría expuesta por Angel Novella relativa al último tercio del siglo XIII. Por último, Joaquín Yarza, en base al estudio artístico de los motivos decorativos,  precisa los años 1295 a 1302 como fechas de realización.

Lo que sí conocemos son algunas de las intervenciones que a lo largo del tiempo han afectado en mayor o menor medida a la estructura de la techumbre. La primera se produce en 1335 cuando se construye el crucero con el cimborrio primitivo, lo que debió de repercutir, en opinión de Gonzalo Borrás, sobre todo en el primer tirante que pudo haber sufrido daños y reparaciones, al igual que en las obras de 1538. En tiempos del obispo Gerónimo Zolivera, alrededor del año 1700,  se cubre la nave central con una bóveda encamonada formada por tres tramos de aristas que ocultan la techumbre mudéjar. Con anterioridad, se habrían pintado de color oscuro los aliceres para ocultar su decoración. Para el profesor Borrás este enmascaramiento se produjo alrededor de 1538, cuando se coloca el Retablo Mayor y se construye el nuevo cimborrio. Así, la techumbre quedó oculta durante dos siglos y medio, desde principios del siglo XVIII hasta el año 1953 en que se inaugura la Catedral tras ser restaurada de los daños sufridos durante la guerra civil.

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De alguna manera hay que agradecer el que permaneciese oculta por la bóveda renacentista, ya que ello ha propiciado el buen estado de conservación en que la podemos contemplar actualmente. A pesar de no ser visible, al menos desde el siglo XIX se conoce su existencia. En 1869, tuvieron entrada en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, por donación del catedrático de la Universidad de Zaragoza don Pablo Gil y Gil, cuatro piezas procedentes de la techumbre: un canecillo terminado en cabeza, una roseta y dos tablas con representaciones de una aguadora y un judío. Fue el estudio del canecillo lo que llevó a Torres Balbás a datar la obra en la segunda mitad del siglo XIII. Por Real Orden de fecha 10 de marzo de 1911, son declarados Monumentos Nacionales las torres de San Martín y de El Salvador, además de la techumbre de la Catedral de Santa María de Mediavilla. Como consecuencia de ello, en 1914 el arquitecto valenciano Luis Ferreres redacta un proyecto de consolidación y restauración que no llegó a realizarse. En los años 1932 y 1935 el archivo Más de Barcelona lleva a cabo una doble campaña fotográfica de la techumbre. Estas fotografías han sido fundamentales a la hora de determinar las perdidas sufridas durante la Guerra Civil y las transformaciones realizadas en intervenciones posteriores, sobre todo en cuanto a desaparición o cambio de lugar de tabicas.

Es en esta contienda cuando mayores desperfectos se producen en la techumbre de la catedral, que también alcanzan a la fábrica del templo, al igual que a buena parte del patrimonio artístico de la Ciudad. Gonzalo Borrás transcribe parte de un informe del servicio de Protección del tesoro artístico nacional editado por el gobierno republicado en Barcelona en 1938, en el que se describe la situación de la armadura: “La Catedral había sufrido grandes daños, pero casi exclusivamente en sus partes modernas, sobre todo en las naves laterales, cuyas bóvedas estaban casi todas en el suelo. Igualmente se habían desprendido dos de las tres bóvedas modernas de la nave central, dejando al descubierto, como no se veía desde hace tres siglos, la magnífica armadura mudéjar. Ésta presentaba arruinado el tramo de los pies, y una de las alfardas del inmediato estaba perforada por un proyectil de obús: cuyas pérdidas las más sensibles en el Tesoro Artístico de Teruel, pueden evaluarse en menos de una sexta parte de la obra total. Lo único irreparable sería la destrucción de las tablas pintadas, pero cabe confiar en que aparezcan al realizar, con el cuidado que ya se ha previsto, el desescombro del templo”.

Desde finales de este año hasta julio de 1939 se procede a realizar trabajos de apeo y protección de la techumbre. Más tarde, durante los veranos de 1943, 1944 y 1945 se efectúa la restauración dirigida por Tomás Pérez y César Prieto, restauradores del Museo del Prado. Básicamente se procedió a reponer todo lo desaparecido y a restaurar lo conservado, lo que afecto seriamente a la autenticidad de la techumbre. Los días 14 y 15 de agosto de 1953, la Catedral fue inaugurarse, renovada y consagrada, quedando a la vista la techumbre de su nave central. Fue entonces cuando se construyó el estrecho balcón volado que la recorre en sus laterales y tramo de los pies,  que permite ser contemplada con detalle. Dos intervenciones se han realizado hasta la fecha. La primera, por el Instituto Central de Restauración de Obras de Arte en 1987, consistente en proteger la techumbre contra humedades y xilófagos, hallándose sobre el almizate diversos fragmentos y una tabla, depositada en el Museo Diocesano de Teruel. La segunda la llevo a cabo el Instituto de Patrimonio Histórico Español, bajo la dirección de Ana Carrassón, y consistió en una completa restauración que finalizó en 1999.

 

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