un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE MEDIAVILLA (TERUEL)

TECHUMBRE



Desde el punto de vista estructural, la techumbre es del tipo de par y nudillo, apeinazada, con tirantes de vigas dobles apeados en canes o asnados. Al igual que hace el profesor Borrás, nada mejor que transcribir la descripción que de esta estructura hace Antonio Almagro:

La armadura, de par y nudillo, está formada por vigas inclinadas de acuerdo con la pendiente del faldón de la cubierta y apoyadas en la cumbrera o vértice superior, entestando con las correspondientes del otro faldón. Estas vigas van colocadas a pequeños intervalos y se denominan pares o alfardas. Para evitar la flecha y pandeo de estas piezas se dispone, normalmente a la distancia de un tercio de su longitud desde la cumbrera, una pieza horizontal de igual sección, que une los dos pares y que recibe el nombre de nudillo. Los pares entestan superiormente con los de la otra vertiente, bien directamente o bien con la interposición de una tabla que se denomina hilera. En la parte inferior apoyan en otra pieza de madera corrida llamada estribo y que es la encargada de repartir el peso y el empuje horizontal a los muros. Los pares se colocan a escasa distancia unos de otros, generalmente separados una distancia igual a dos veces su propio grueso, aunque esta medida varía en ocasiones. El nudillo evita la flecha o comba hacia el interior de los pares a la vez que absorbe parte del empuje horizontal que produce la estructura.”

Como en grandes luces este empuje puede ser considerable, se colocan otras vigas, los tirantes, uniendo horizontalmente los estribos de los dos lados a fin de contrarrestar los empujes opuestos que se producen en ambos apoyos. Estas vigas, que se suelen colocar apareadas, son de notable mayor tamaño que los pares y nudillos, pues además de tener que trabajar a tracción deben soportar su propio peso con una gran separación entre apoyos. Para reducir ésta se disponen piezas empotradas funcionando como ménsulas, que se denominan canes o asnados y cuyas cabezas o extremos libres se decoran con formas geométricas, zoomórficas o con cabezas humanas.

     La estructura así concebida tiene la facultad de producir un reparto de las cargas y empujes prácticamente uniforme en todo el perímetro de los apoyos, adecuándose de esta forma a las fábricas de escasa resistencia, como las de ladrillo y tapial, que caracterizan a la arquitectura hispanomusulmana y más en particular a la mudéjar.”

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Ésta es la disposición estructural del conjunto. Con el fin de permitir el asiento del tejado por la parte superior y poder presentar decoración hacia el interior, los espacios entre los pares y entre los nudillos se cubren con tablas, que forman los faldones inclinados y el almizate o harneruelo horizontal. Estos elementos delimitan el espacio definido por la armadura que se percibe como unitario al estar sólo interrumpido de manera ocasional por los tirantes. Éstos, a su vez, también se enlazan cerrando el espacio entre las dos vigas, dando la impresión de elementos más potentes de lo que en realidad son. Frente a las estructuras latinas, en las que abundan los elementos verticales, como pendolones y tornapuntas, que dividen el espacio bajo la cubierta, la solución musulmana y mudéjar es más unitaria recordando una bóveda corrida.

El enriquecimiento decorativo lleva a dividir las calles o espacios entre pares, enlazando éstos con piezas de unión o peinazos, que determinan formas de hexágonos alargados o de estrellas. Las aristas de estas piezas se biselan a la vez que reciben cortes con formas especiales, dando lugar a lo que se conoce como labor de menado. Las zonas de las paredes que quedan entre los tirantes y los canes se cubren con tablas decoradas, que enmascaran los estribos formando el alicer. En el exterior la nave central tiene un alero con canes con rollos menudos y terminados en estilizadas cabezas de toros. Estos canes tuvieron decoración pictórica al igual que los sofitos y que aún se conserva en algunas zonas".

Así pues hay que resaltar que la techumbre de la catedral turolense no es un artesonado, sino una armadura de par y nudillo. Tiene 32 metros de longitud y 7,76 de anchura. De perfil trapezoidal, ya que los nudillos cierran horizontalmente los pares aproximadamente a dos tercios de su altura. Los nudillos forman la parte arquitrabada de la techumbre, llamada almizate o harneruelo, que mide 3,50 metros de anchura, mientras que los pares o alfardas forman los faldones inclinados, de 2,85 metros de longitud.

La cara inferior de los tirantes, rima perfectamente con el harneruelo, en el que las tablas de los artesones son cóncavas y están decoradas exclusivamente de temas florales muy delicados y graciosos. En cada sentido transversal las calles siguen la misma estructura de los faldones. Cada calle está compuesta por una estrella de ocho, un pequeño casetón, de igual forma que los grandes y colocado transversalmente. Sigue casetón grande, otro pequeño y estrella, que forma el eje longitudinal del harneruelo. Como es natural continúa lo mismo al otro lado del eje.

En la línea de estrellas centrales y, entre cada dos tirantes, se desarrolla un gran cupulín rehundido. Todas las estrellas de a ocho están decoradas, interiormente, con un cupulín o con una estrella de ocho radios e relieve y cupulín, y estrellas que alternan longitudinalmente. Estos motivos y los grandes cupulines del eje, estaban dorados, como en los tirantes, enriqueciendo de modo portentoso la policromía del conjunto.

En cuanto al aspecto decorativo, las superficies en las que se desarrolla la decoración son fundamentalmente los aliceres, las tabicas y los laterales de los canes-zapata. Actualmente está descartado que exista un programa unitario, ya que lo que ofrece el conjunto es un amplísimo repertorio de temas muy variados que se agrupan  para su estudio en cuatro tipos de elementos: vegetal, geométrico, epigráfico y figurado, a los que hay que añadir las diferentes combinaciones entre ellos. A su vez se dividen entre motivos de tradición ornamental islámica y motivos de tradición ornamental occidental.

En cuanto a los primeros, se centran en un amplio repertorio de decoración vegetal estilizada, configurado como norma general por vástagos entrecruzados formando ejes de simetría lateral, con o sin vástago central, de los que arrancan estilizadas hojas que, a menudo adoptan la forma de palmeta doble y disimétrica. Además, también son variados los motivos geométricos, donde predomina el lazo de cuatro octogonal formando estrellas de ocho puntas combinadas con cruces. En cuanto a la ornamentación epigráfica, se limita a las inscripciones cúficas que decoran los laterales del cuarto tirante.

La tradición ornamental occidental está representada en su mayoría por la decoración figurada que se divide en tres grandes apartados: a) imágenes y escenas de carácter religioso; b) imágenes y escenas de carácter profano con representación de las tres clases sociales de la época: la caballería villana, el clero y el común; c) imágenes y escenas fantásticas procedentes del bestiario y otras imágenes y escenas alegóricas. Además, también se desarrolla temática de tipo vegetal y epigráfico, la primera con clara influencia de las pinturas que ornamentaban la Sala Capitular del Monasterio de Sijena. La segunda queda reducida, al igual que la musulmana, a una salutación angélica que se desarrolla en los laterales del sexto tirante. Dentro de la decoración figurativa  destacan los ciclos dedicados a la Pasión, a los oficios de carpinteros y pintores de la techumbre, el mensario y a los alardes y justas de caballeros.

Técnicamente, la decoración está ejecutada al temple sobre tabla. Aunque presenta las características del estilo gótico lineal del último tercio del siglo XIII, las fuentes y modelos utilizados son arcaizantes, ya que pueden situarse a comienzos del mismo siglo, especialmente miniaturas bizantinizantes de principios de siglo y, como se ha dicho, las pinturas de Sijena.

En cuanto a su autor, nada se conoce de él. Hasta bien entrado el siglo XX se le atribuía, por una incorrecta lectura de un cuaderno de cuentas del año 1335 conservado en el Archivo Catedralicio, al pintor Domingo Peñaflor. En 1973 se publica parte de la transcripción de este documento que hace César Tomás Laguía, en base al cual se pueden determinar con exactitud las obras que se realizan en la Catedral en 1335 y que corresponden a dependencias y partes de la cabecera del templo, no afectando a la techumbre. Se contrata a Domingo Peñaflor para pintar las bóvedas y las claves, decorar un sepulcro, barnizado del retablo de pintura y pintado de su parte posterior, o sea, nada que ver con la decoración de la techumbre.

A partir de la página siguiente se presenta un recorrido pormenorizado por las distintas partes de la techumbre con imágenes de la práctica totalidad de sus motivos decorativos. Dado lo extenso de este repertorio, se ha dividido en cuatro grandes apartados: los tirantes, los canes-zapata en que se sustentan los anteriores, los aliceres o estribos y las tabicas de los faldones. Para ello se sigue el esquema utilizado en todas las obras que tratan del tema: los tirantes dividen la techumbre en nueve secciones, que se numeran desde el crucero hacia los pies del uno al nueve, tanto para situar los faldones como los estribos (corresponden las nueve secciones a las fotografías que acompañan este texto). A su vez en cada uno se distingue entre lateral izquierdo y derecho, lógicamente siguiendo la misma orientación: mirando al altar desde los pies.

Finalmente una serie de consideraciones relacionadas sobre todo con la primera restauración:

a) En primer lugar, la novena sección fue destrozada completamente durante la guerra civil y se reconstruyó enteramente.

b) El primer tirante, correspondiente con el más cercano al presbiterio, es de construcción moderna realizado en los talleres de Regiones Devastadas. Todavía no se entiende como no se dejó completamente liso como las tabicas de la última sección.

c) Algunas tabicas se cambiaron de lugar sin aparente causa justificada.

d) La restauración de algunas figuras fue defectuosa, incluyéndose en las tabicas algunas de moderna factura y que desentonan completamente con el conjunto.

e) Por último, gracias a la descripción y dibujos de Mariano de Pano y a las fotografías de las colecciones Mas y del archivo Amartller, se sabe que han desaparecido un buen número de tabicas, todas ellas con representaciones de figuras humanas. A las anteriores hay que añadir dos que se encuentran depositadas en el Museo Arqueológica Nacional.

 

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