un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

LA ALJAFERÍA (ZARAGOZA)

ARTE MUDÉJAR EN LA CIUDAD DE ZARAGOZA (ver catálogo)

Será a partir de 1593 cuando comience el verdadero calvario y sistemática destrucción del Palacio de la Aljafería al pasar a uso militar. En este año, Felipe II, ante el asalto que sufrió el edificio para liberar a su secretario personal, Antonio Pérez, encargó a Tiburzio Spanochi reforzar el palacio con cuatro torreones, una murallas con dos puertas de ingreso y un nuevo foso con una escarpa y una contraescarpa. Se conservan en el Archivo General de Simancas cuatro alzados en color sepia, uno por lado, que levantó el arquitecto director de las obras y que sirven para ver el aspecto del palacio reformado. (fotografías 8 a 11)

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Más dramática será la drástica transformación en cuartel militar que se lleva a cabo en 1772, a instancias del rey Carlos III. Se demolieron todos los torreones ultrasemicirculares de alabastro, los cuatro arcos centrales del pórtico del testero sur y la arquería de acceso al Salón Dorado, a la par que el aspecto exterior del edificio cambiaba radicalmente.

No sería esta la última intervención desgraciada en el palacio, ya que entre 1863 y 1880 se reformó el cuartel de Carlos III, que se completó con la construcción en las cuatro esquinas de otros tantos torreones neogóticos, dos de los cuales todavía podemos ver actualmente.

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Según descripciones de Mariano Nougués Secall y de Paulino Savirón, que vieron el edificio antes de 1866, lo único que quedaba visible del palacio islámico eran tres arcos del pórtico del testero sur, la arquería de acceso a la sala meridional, el oratorio o mezquita y la alhanía o alcoba este del Salón Dorado.

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A instancias de Paulino Savirón, los tres arcos del testero sur fueron apeados y trasladados al Museo de Zaragoza, al igual que algunos elementos del friso de canes de la alcoba oeste y los arcos entrecruzados de la fachada oriental de esta misma alcoba, así como los de la fachada occidental de la alcoba este del Salón del Trono. También se trasladaron al museo un importante número de capiteles islámicos y uno románico. Algunos de estos restos, en concreto dos de los arcos, algunos capiteles y un rosetón de la capilla de San Jorge, fueron donados por la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Zaragoza en sucesivas ocasiones a partir de 1867 al Museo Arqueológico Nacional, de donde volvieron hace unos años para su exposición en el actual Salón de San Jorge, antigua capilla del mismo nombre, en el testero sur. Esperemos que las Cortes aragonesas no permitan su regreso a Madrid y se conserven en el lugar que le corresponde y para el que se realizaron: el palacio musulmán de la Aljafería.

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La Aljafería llegará al siglo XX utilizada como cuartel, uso que mantendrá durante la primera mitad de la centuria. En 1947 el arquitecto restaurador Francisco Iñiguez Almech comienza en solitario un largo proceso de restauración del monumento que se prolongaría hasta 1982, año de su fallecimiento. En 1980 las dependencias de la Aljafería pasaron a ser propiedad del Ayuntamiento de la ciudad, a través de la que conocida como  “operación cuarteles” a través de la cual la mayoría de instalaciones militares que había en el casco urbano de Zaragoza pasaban a propiedad municipal. A partir de 1982 la restauración continuó bajo la dirección del también arquitecto Ángel Peropadre Muniesa hasta el año 1985.

La lentitud de esta labor restauradora, debido fundamentalmente a la falta de partidas presupuestarias suficientes, vio su final en 1985 cuando el Ayuntamiento cede la Aljafería para sede y uso de las Cortes de Aragón. En ese momento se optó por interrumpir la reconstrucción restauradora, que básicamente había afectado a la mitad oriental del conjunto, e iniciar una nueva fase bajo la dirección técnica de los arquitectos Luis Franco Lahoz y Mariano Pemán Gavín, cuyas intervenciones se han ajustado a criterios de rehabilitación y adaptación necesarios para los nuevos usos, respetando la parte monumental en la que ya se había intervenido, pero actuando de forma diferente en la mitad occidental, descartando la idea de Iñiguez de demoler el edificio que se levantó en el reinado de Carlos III para sustituirlo por una serie de torreones completamente nuevos que completasen el perímetro original del palacio hudí. También hay que tener en cuenta que la conservación del antiguo cuartel del siglo XVIII, que todavía no se había demolido, era necesaria  para poder ubicar en él la sede de las Cortes de Aragón. Todo ello se plasma en la visión que actualmente contemplamos del edificio, tanto al exterior como en sus dependencias internas.

 

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