un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA (QUINTO)


En la margen derecha del río Ebro, a 41 kilómetros de Zaragoza, se ubica la localidad de Quinto, con su casco urbano extendido por la falda de unas colinas y formado por sinuosas calles que delatan su origen morisco.

Ya antes de llegar a la población se puede ver en lo alto del montículo de “La Corona” la figura del “Piquete” nombre que se da en el pueblo al edificio de la antigua iglesia parroquial de La Asunción de Nuestra Señora. Su fábrica actual es producto de varias fases constructivas que abarcan desde el siglo XV hasta el XVIII las dos primeras en estilo mudéjar.

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Sobre la construcción de la primitiva iglesia disponemos de las noticias que proporciona Diego de Espés en su “Historia eclesiástica de la ciudad de Zaragoza”. En primer lugar, hace referencia a la decisión del arzobispo zaragozano don García Fernández de Heredia, a la vista de la ruina que padecían varias iglesias de la diócesis, de consignarles para su reparación las rentas de las primicias destinadas a la Corona para los gastos de las guerras. Uno de estos casos fue el de Quinto, a cuyos vecinos se las concede el arzobispo el 3 de marzo de 1401 para reparar la iglesia que debía de encontrarse en un estado deplorable.

Una segunda referencia del mismo Espés hace mención a que el 14 de agosto de 1416 los vecinos de Quinto solicitan permiso al arzobispo don Francisco Clemente Pérez para erigir un altar dedicado a Santa Ana, por quien el pueblo siente gran devoción, en la iglesia parroquial de la villa.

Con estos datos se puede concretar que la iglesia mudéjar se inició con posterioridad a 1401 y que es de suponer, estaba finalizada ya en 1416 cuando los parroquianos solicitan permiso para colocar un nuevo altar en la misma.

Otra fecha la encontramos en el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico” de Pascual Madoz que señala el año de 1429 para la construcción de la iglesia, aunque no cita la fuente de la que extrae el dato. La misma fecha es mencionada por Francisco Abbad en su “Catálogo Monumental de la provincia de Zaragoza”.

A la vista de ambas fuentes y de los blasones heráldicos que decoran la puerta del muro sur es más factible que el templo se levantase en las fechas que aporta Espés que en las citadas por Madoz y Abbad Ríos, es decir entre 1401 y 1416.

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Construida en ladrillo, la parte mudéjar comprende desde el ábside de la cabecera hasta las dos torres, incluidas éstas. Se trata de una iglesia de nave única dividida en dos tramos con capillas entre los contrafuertes y cabecera poligonal con un piso de tribunas sobre las capillas laterales y el ábside del presbiterio al que se accede desde ambas torres. En cuanto a la autoría de esta primitiva fábrica mudéjar, parece ser obra del maestro Mahoma Ramí, arquitecto del Papa Benedicto XIII, cuyo escudo de armas aparece tallado en la portada del templo. Además, presenta características formales que la emparentan con la desaparecida iglesia de San Pedro Mártir de Calatayud.

La segunda etapa constructiva se data en la segunda mitad del siglo XVI y consistió en el recrecimiento de la nave con la galería de arcos, sustituyendo al ándito exterior que corre por encima de las capillas laterales, la construcción del cuarto cuerpo de la torre, y la modificación, sobre todo decorativa, de las capillas.

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A finales de este mismo siglo un mandato episcopal del 3 de enero de 1595 ordena la ampliación de la iglesia “lo que fuere menester, para que sea capaz para todo el pueblo”. Dicha ampliación no se iniciaría hasta el año 1686 terminándose entre 1696 y 1697. Fue maestro de obras Joseph Bardaxi, de Zaragoza, según consta en el Archivo Parroquial. En esta ampliación se añadieron dos nuevos tramos a los pies de la nave, de iguales proporciones que los anteriores el central y un poco más corto el final. Al exterior esta ampliación es perfectamente apreciable ya que el ladrillo se apareja únicamente a tizón y no dispone de tribuna ni de galería de arcos; además las capillas sobresalen significativamente de la primitiva línea de fachada.

Finalmente, en 1761 se construyó la capilla de Santa Ana, fácilmente apreciable desde el exterior, en la fachada norte junto al ábside. Se aprecia su planta cuadrada, ábside poligonal en la cabecera y cimborrio bajo el que se levanta la cúpula sobre pechinas que la cierra al interior.

Durante la Guerra Civil, su estratégica posición hizo que fuese objeto de un severo castigo, quedando en tal estado que, tras la contienda, se optó por construir una nueva iglesia parroquial en la parte baja del casco urbano.

Tras una larga campaña de restauración en distintas fases que abarcan desde el año 1996 hasta el pasado 2018, la iglesia ha recuperado su primitivo aspecto exterior, no así el interior que se ha optado por mantenerlo tal cual quedo tras la guerra, acondicionado como “Museo de las Momias”, que se verá con detenimiento en las páginas siguientes.

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Adosada al tramo de los pies del muro norte de la primitiva fábrica de la iglesia se levanta una torre secundaria a través de la que se accede a las tribunas desde este lado. Su estructura responde a la clásica de las torres-contrafuerte de las iglesias fortaleza, o sea, exenta de decoración y aberturas en su parte inferior a excepción de pequeñas aspilleras de ventilación. Continuación de esquinillas y ménsulas a la altura del tejado del siglo XV, pequeño cuerpo cuadrangular a continuación que termina en cornisa de ménsulas ocupando la misma altura que la galería de arcos y un último paramento liso de remate.

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Aparte de los ventanales, la decoración exterior de la nave y ábside queda reducida en su parte superior a una sencilla banda de esquinillas en forma de dientes de sierra que corre a lo largo de todo el perímetro por debajo de la cornisa de ménsulas en voladizo.

En cuanto a la galería corrida de arcos es obra como se ha dicho del siglo XVI, y al igual que en otras muchas iglesias aragonesas se levantó para separar las bóvedas de la nave del tejado, solucionando de esta forma el problema de humedades y filtraciones que presentaban las viejas cubiertas que cargaban directamente sobre las bóvedas.

En esta iglesia de Quinto se da un caso curioso ya que los arcos que abren en esta galería son de dos tipos distintos, lo que hace presuponer dos etapas constructivas distintas, aunque no muy lejanas en el tiempo. Así, los vanos de la galería sobre los tres lados centrales del ábside son simples con arcos apuntados, mientras que en el resto de la nave ya vemos los típicos del XVI doblados en arco de medio punto.

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