un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

IGLESIA DE SAN PEDRO APÓSTOL (ALAGÓN)


La parroquial de San Pedro Apóstol se levanta en la parte más alta de la villa de Alagón, sobre una muela que domina todo el caserío y junto a la plaza del Castillo cuya toponimia hace referencia a la fortaleza que allí se levantaba. La fábrica mudéjar de la iglesia ha quedado en gran parte enmascarada por las capillas y construcciones que con el correr de los años se han ido adosando a la misma, lo que dificulta en gran medida su vista, sobre todo en la parte del ábside. Hasta el momento no hay ninguna noticia documental sobre esta construcción, por lo que la cronología que se establece es relativa. Sobre la misma son dos las teorías que se barajan, ambas de lo más interesante.

La primera es la academicista propuesta por Gonzalo Borrás en sus obras sobre el arte mudéjar aragonés y seguida por la gran mayoría de estudiosos del tema. Para Borrás, que se basa en el análisis comparativo de los elementos artísticos, en la iglesia mudéjar de Alagón hay que diferenciar dos etapas constructivas: la primera correspondiente a principios del siglo XIV, hacia 1300, cuando se levantaría una iglesia de nave única de dos tramos con cabecera poligonal y la torre de planta octogonal exenta a los pies. A finales del siglo XV o principios del XVI se amplía la nave con un tercer tramo a la vez que se añaden dos capillas laterales en el segundo tramo. Esta ampliación absorbería la torre que quedaría integrada en uno de los ángulos del hastial.

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En la segunda, que cada vez toma más fuerza, sobre todo en lo relativo a la torre, Javier Peña, arquitecto restaurador de la torre e iglesia, propone una cronología diferente basándose en los elementos estructurales que ha observado durante la década larga en la que ha estado trabajando en el templo. Para entender el porqué de esta datación hay que comenzar diciendo que Alagón durante la dominación musulmana fue una de las ciudades más importante de la Marca Superior de Al-Andalus, lo que conllevaría una importante población y, por consiguiente, la existencia de una importante mezquita para el culto.

Para Peña, tras la conquista de la villa en 1119 por Alfonso I el Batallador, es de suponer que, como sucedía en la mayoría de las poblaciones, la mezquita sería consagrada al culto cristiano. Hacia 1200 se adosaría al iwan musulmán un presbiterio poligonal de ladrillo con grandes ventanas de estilo normando y el alminar se convertiría en campanario quedando el cuerpo de la mezquita como nave de la iglesia. La existencia de este presbiterio quedaría documentada, amén de por esas ventanas normandas propias de la época, por la aportación que, en el programa de fiestas de Alagón del año 2006, hace la historiadora alagonera Pilar Pérez Viñuales, basándose en la Crónica del rey Jaime I, que relata que “cuando el rey Jaime I contaba con 15 años (1223) oyó cantar a los clérigos en el presbiterio de la iglesia mayor de Alagón”. Además, los restos de una decoración anterior a la del siglo XIV en los muros interiores, tal y como veremos en las páginas dedicadas a estos espacios, dejan patente que esta parte del templo es anterior al resto.

Siguiendo con la aportación de Peña, en el siglo XIV se derribaría el iwan y se construiría la nave de dos tramos quedando de esta forma conformado la primitiva fábrica mudéjar con cabecera poligonal y nave única de dos tramos, reaprovechando el alminar musulmán como torre campanario adosado a los pies. Finalmente, en el siglo XVI se recrece en altura todo el conjunto con una galería aragonesa y se amplía con un tramo a los pies.

La torre se levanta adosada al ángulo suroccidental de la fábrica primitiva de la iglesia. Según Borrás, quedaría exenta hasta la construcción del tercer tramo. De planta octogonal, está íntimamente relacionada con las de Santa María de Tauste y San Pablo de Zaragoza. Como ya se ha comentado al principio, Gonzalo Borrás la data a principios del siglo XIV junto al presbítero y dos primeros tramos de la nave, mientras que Javier Peña opina que se trata del alminar de la mezquita musulmana reaprovechado como torre campanario, fechable en este caso en el siglo XI, cronología esta última mayormente asumida en la actualidad. Al igual que en San Pablo de Zaragoza y en Santa María de Tauste, al exterior la torre carece de contrafuertes. En altura, se divide en tres cuerpos separados por impostas.

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En la parte interior del templo se realizaron unas pequeñas catas en los muros de la torre, donde se pudo apreciar que el paramento de la torre recayente al interior es el mismo que el exterior, de ladrillo visto zabollado. Además, se pudo constatar que se había horadado el muro de la torre para empotrar los nervios de las bóvedas, lo que viene a corroborar que la torre ya existía antes de construirse la iglesia mudéjar a inicios del XIV.

Al interior, la torre tiene estructura de alminar almohade, formado por dos torres, una envolviendo a la otra, y entre ambas la caja de escaleras. También aquí, Peña difiere de la opinión academicista, ya que considera que se trata de un grueso muro de 1,10 metros de espesor horadado helicoidalmente por la escalera. De esta forma recoge la teoría de Jaime Carbonell que plantea la misma solución para la torre de Tauste. Los tramos de escalera cierran con bóvedas por aproximación de hiladas o enjarjadas.  La iluminación en estos dos primeros cuerpos es muy escasa limitándose a pequeños vanos con derrame hacia el interior que cierran también por aproximación de hiladas situados frente a las entradas a las estancias de la torre interior.

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La torre interior es del grosor de un ladrillo aparejado a tizón y está dividida en cinco estancias superpuestas que cierran con casquetes esféricos.

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