un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

LA ALJAFERÍA (ZARAGOZA)

Palacio musulmán

ARTE MUDÉJAR EN LA CIUDAD DE ZARAGOZA (ver catálogo)

Dejando aparte la Torre del Trovador, cuya parte inferior se ha datado en los siglos IX o X, quizás construida como una atalaya extramuros o simplemente como parte de una al-munia o quinta de recreo ya existente en el lugar, y que veremos con detalle en páginas suguientes, el grueso de la construcción del palacio musulmán fue obra de Abu-Ya’far Ahmad I al-Muqtadir bi-llah, segundo monarca de la dinastía de los Banu-Hur en Zaragoza, que reinó entre 1046 y 1081. Tal y como he comentado en la primera página, el palacio se llamo en principio “qasr al-surur” (palacio de la alegría) y más tarde "al-Yafariyya", nombre derivado del monarca, que por deformación se convirtió en Aljafería.

Se han hallado en el palacio cuatro inscripciones que hacen referencia a este monarca, el único que se cita en sus elementos decorativos. Las dos primeras en un arco del pórtico del testero sur y en las que se lee “al-Muqtadir” en el de la derecha y “al-Muqtadir bi-llah” en el de la izquierda (fotografía 3). La tercera se encuentra en un capitel que se expone en el Centro de Interpretación del palacio, que lleva en dos de sus caras la inscripción “[esto es] lo que mando hacer / al-Muqtadir bi-llah” (fotografía 2) . La cuarta y última, en dos fragmentos correlativos de la esquina de una pila de agua en los que se lee, en el primero “al-Muqtadir bi-llah Aba Ya’far Ahmad ibn Sulayman“, y en el segundo, que va a continuación “ibn-Hud”.

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Hay que resaltar que las dos únicas inscripciones de las que se conoce con seguridad el lugar donde se encontraban originariamente correspondan al pórtico sur y que contienen el “laqab” o seudónimo personal del al-Muqtadir bi-llah (Poderoso gracias a Dios) que no empezó a utilizar hasta el año 1065, después de la reconquista musulmana de Barbastro, lo que hace pensar en que esta parte del palacio estaba en esas fechas en proceso de construcción, o que se hizo poco después.

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En cuanto a la disposición general del palacio se adoptó el arquetipo palacial por antonomasia de la dinastía omeya de Oriente, el de los castillos del desierto de la primera mitad del siglo VIII, con los que guarda una serie de semejanzas:

1ª. La Aljafería es de planta aproximadamente cuadrada y sus dimensiones se aproximan a las de los castillos omeyas del Próximo Oriente, exceptuando las proporciones del castillo de Qasr al-Musatta en Jordania, cuyos lados del cuadrado duplican la longitud habitual de los restantes.

2ª. La puerta de entrada se encuentra entre dos torreones; en concreto, la de la Aljafería recuerda especialmente a los palacios sirios de al-Qasr al-Hair al-Garbi y al-Qasr al-Hair al-Sarqi.

3ª. La Aljafería presenta al interior una subdivisión progresivamente tripartita, tanto en planta como en alzado de la fachada, que está dividida en tres partes iguales: las dos extremas corresponden al diámetro de los torreones ultrasemicirculares y la central al lienzo que se sitúa entre ambos cubos. Esta división también se aplica al lienzo donde abre la entrada que se subdivide en otros tres tercios, de los cuales la luz de la puerta ocupa el central.

4ª. El perímetro amurallado  cuenta con torreones de planta ultrasemicircular, como los de los castillos de Qasr al-Musatta, al-Qasr al-Hair al-Sarqi y al-Qastal. No hay que descartar la idea de que se tomasen también como modelo los torreones de la muralla de Cesaraugusta del siglo III, de igual planta ultrasemicircular.

Dentro de la división tripartita del interior del palacio, la parte central la ocupan las dependencias destinadas a funciones oficiales, y es la única de la que conocemos su disposición original, ya que  de las zonas laterales, que estarían destinadas a viviendas privadas de manera similar a los palacios omeyas, no queda nada.

Siguiendo la disposición de los palacios comentados, esta zona central de dispone de manera longitudinal en sentido Norte-Sur, con un gran patio abierto al aire libre en el centro, que aquí se conoce como de Santa Isabel, de planta rectangular, más profundo que ancho, y las estancias, precedidas de pórticos, en los lados cortos, Norte y Sur.

La parte más importante corresponde al pórtico Norte, cuya disposición es sumamente sencilla: al fondo, una gran sala de planta rectangular, que es el salón principal o del trono, y a ambos lados dos estancias de planta cuadrada, a modo de alcobas laterales, de las que se conserva la del lado Oeste; delante del salón del trono hay un pórtico abierto con idéntica disposición: sala central alargada y dos alcobas laterales que se prolongan en alas profundas hacia el patio; a oriente de la alcoba derecha del pórtico está la mezquita u oratorio privado.

El patio central estaba dotado de un paseador en derredor y otro a lo largo del eje longitudinal, con dos albercas en los lados cortos delante de los pórticos. La restitución de este patio se ha realizado según los modelos de Madinat al-Zahra.

De las estancias del lado Sur solamente queda el pórtico, con la misma disposición que el del lado contrario. La sala a la que precedía este pórtico fue destruida ya en tiempos del rey Pedro IV para alojar en su lugar la capilla mudéjar de San Jorge, devastada a su vez en 1887.

En cuanto a los materiales utilizados, predominan los más deleznables como el yeso y el ladrillo. Francisco Iñiguez los describe así: “el nuevo palacio fue construido en hormigón de yeso para los cimientos y encofrado en las zonas altas de la torre del Trovador; tapial, para los muros; ladrillo pequeño, fino y bien cortado, para los arcos y zonas de mayor carga; alabastro, en los zócalos de los pórticos y mezquita, capiteles y basas de columna; mármol de Carrara, en los pavimentos en general, incluidos los paseos del jardín, en el patio; por fin, el yeso tallado, para toda la decoración geométrica o de atauriques, animados por algún animal, finísimos y de muy varia y rica policromía, siempre a base de fondos rojos y azules, decoraciones variadísimas en el intradós de los arcos y detalles menudos, hasta culminar en los paños lisos situados en lo alto de la mezquita, pintados a la manera de los tapices persas. Los atauriques iban todos en oro”.

 

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